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Buenaventura

  1. Sé que por mucho que te ofrezca mi mano…

    abril 25, 2013, por Alejandra Juno

    Sé que por mucho que te ofrezca mi mano
    no podrás asirla
    y se quedará suspensa
    vacía
    presa en el aire
    que intento agarrar
    como intento abrazarte a ti.

  2. Déjame cogerte la mano

    febrero 22, 2013, por Alejandra Juno

    Déjame cogerte la mano. Déjame cogerte la mano y siente los látidos de mi corazón. Late por ti. Es la música de esta esfera celestial dentro de mi pecho, girando a tu alrededor.


  3. Feliz Navidad

    diciembre 24, 2012, por Alejandra Juno

    Queridos lectores:

    Desde tiempos inmemoriales, al llegar esta época del año, en esta parte del mundo hemos contado muchas y muy diferentes historias para simbolizar una única y fundamental idea: la del renacimiento a la vida. La idea de que siempre hay un nuevo comienzo, de que nadie está condenado a repetir los mismos errores y de que nunca es demasiado tarde para empezar a ser quienes realmente queremos ser. Esta noche celebraremos un año más el nacimiento de un niño, historia que no significa nada más y nada menos que la esperanza del renacimiento de todo lo bueno que en nosotros pueda haber. Renazcamos de nuevo en esta noche en nuestra mejor versión, más generosos, más inocentes, más humanos. Que sea una Nochebuena que dure todo el año. ¡Feliz Navidad!


  4. Auto-representaciones

    noviembre 27, 2012, por Alejandra Juno

    Nunca deja de sorprenderme el concepto de “mala-auto-representación”, lo que viene a ser cuando uno da una imagen equivocada de sí mismo. Sinceramente creo que las personas que creen que existe una “buena-auto-representación” han sido bendecidas con una visión muy clara de su propio yo. Temo que el común de los mortales no tengamos tan claro quienes somos. De ahí que no vea yo la claridad entre una auto-representación correcta y una errada. Tampoco sé muy bien en qué consiste la auto-representación. Y desde luego, no sé cómo se podría alcanzar una auto-representación acertada de ninguna de las maneras. La cosa esta difícil, porque una auto-representación correcta en términos generales posiblemente denote una personalidad algo limitada. Tanto como a un único aspecto representable. Si uno puede representarse de golpe y certeramente, posiblemente haya muy poco que representar. Si por el contrario, la exhibición de cada parte de nuestra personalidad exigiera numerosas auto-representaciones, indudablemente algunas de ellas colisionarían en la tarea final de dar una auto-representación compacta. Y más que posiblemente dieran una imagen algo esquizofrénica del interesado, difícilmente digerible por el respetable. No todo el mundo puede captar la relación intrínseca que hay entre el glamour y la filosofía griega a la primera de cambio. Hay que seleccionar determinadas auto-representaciones para construir el relato coherente, que sin embargo, indefectiblemente, desembocará en la mala-auto-representación, por escasa.

    En otro orden de cosas está la representación del contenido y de la forma. A uno le puede interesar tres pitos un determinado contenido, pero asumir su representación por estar interesado en la forma o en lo que simboliza esa forma. Ejemplo de parvulario: una chica puede elegir vestir como una pin-up sin necesariamente creer que el papel de la mujer en la vida es del alegrar la vista a los hombres. Puede elegir vestir así porque le gusta. ¿Estamos ante un problema de falta de coherencia o un auténtico fracaso de nuestro mundo a la hora de distinguir entre esencia y apariencia? ¿O todo está relacionado al final? Quiero decir, vestir como una pin-up no representa única y necesariamente un contenido relacionado con la idea de mujer-objeto, sino que así mismo representa un valor representación simbólica: la de auto-representarse en forma icónica. Auto-representarse es una cosa difícil en sí misma y por eso muchas veces tiramos de manual y simplemente seguimos lo pre-establecido. En otras ocasiones, optar por una auto-representación conservadora puede denotar el radicalismo revolucionario más auténtico, por lo que tiene de rebeldía, mientras que lo contrario es posible que sólo hable de una excesiva adecuación a lo imperante, tan orientado hacia el futuro.

    Mi consejo del día es no pensar demasiado en estas cosas y no preocuparse tampoco mucho por como se auto-representan las otras personas. Hay una gran probabilidad de no dar ni una, si es que hay algo en esta vida en lo que realmente se pueda acertar.


  5. Hay días – Variaciones

    octubre 22, 2012, por Alejandra Juno

    Hay días en los que no apetece hacer nada. Nada más allá de empezar frases con “hay días”. Es una manera de romper la vida. De convencerse durante el segundo que dura pronunciar esas dos palabras de que no se es la misma persona de ayer. Tampoco la de mañana. Que uno puede descansar de sí mismo. Ser lo que jamás será y todo lo contrario. En esos días se acostumbra a ocupar el tiempo en soñar para no morir de realidad. Pero como no apetece hacer nada, son otros los protagonistas de esos sueños. Gente que hace cosas. Y la mera actividad de ese día se reduce a mirar cómo otros hacen cosas. Suelen ser cosas excepcionales. Cosas que te dejan con la boca abierta. Cosas que deberían animarte a hacer cosas, pero que suelen ser tan impresionantes, o tan imposibles, o tan inalcanzables, o tan lejos de lo que eres/quien eres, que no inducen más que a la parálisis física. Se queda el cerebro roneando lo fantástico que debe ser hacer eso mientras el cuerpo rehúsa poner en funcionamiento un solo músculo. Al fin y al cabo, hay días. Y éste es también uno de esos días en el que sigues siendo tú mismo.


  6. Hay días

    septiembre 23, 2012, por Alejandra Juno

    Hay días en los que una necesita caer en el agujero del País de las Maravillas, con total desinterés por buscar al conejo blanco. Días en los que sólo el viaje es importante. Días en los que el mundo está más en movimiento que nunca, girando varias veces en sólo 24 horas. Días en los que nada importa más allá de la sensación efímera que como viene se va. Días en los que el sentido está sobrevalorado y no se quiere fijar la vista. Días en los que no existe la línea recta y todo pide a gritos ser doblado hasta el límite. Días en los que se opone la máxima resistencia al viento. Hay días en los que vivir pasa a ser mucho más importante que la vida misma.


  7. ¿Te he matado alguna vez?

    septiembre 20, 2012, por Alejandra Juno

    ¿Te he matado alguna vez en mis sueños? Si la respuesta es no, es probable que no formes parte de mi círculo más allegado. Acostumbro a matar a la gente que quiero. No me malinterpreten. No como personaje, sino como autora. Estoy soñando cualquier cosa y de repente, zas, una persona que quiero, muere. Esta noche ha sido particularmente dramática por el contexto. Estaba yo tentando la posibilidad de volver con un ex-novio, que no es que no mereciera la pena, no me malinterpreten. Cualquier experiencia que te hace sentir viva, incluso las que te hacen sentir muerta, merecen la pena que viene después. Quiero decir, un novio de estos que lo son mientras una es capaz de mantener la suspensión de la incredulidad. Ya saben, deshacerse de todo juicio crítico y entrar de pleno dentro de la fábula. Ya yo en el propio sueño me maliciaba que aquello era un viaje a ninguna parte incluso soñando, una mera ensoñación y sin embargo, cuanta fase REM y cuanta fase Delta desperdiciada mientras se sueña. Y de repente, un telegrama. Mi amiga había muerto y yo ni siquiera había estado a su lado, ocupada como estaba en soñar. Y todo el tiempo perdido en una quimera mientras la realidad estaba ahí acechando para dar dar su golpe de gracia. Soñaba que soñaba dentro de mi sueño, y el soñar me devolvió a la realidad que afortunadamente resultó un sueño.


  8. La noche americana

    septiembre 19, 2012, por Alejandra Juno

    Me parece terriblemente injusto que digan que “la noche americana” la inventaron los americanos. Ya saben, ese efecto cinematográfico en el que rodando de día se aplica un filtro para que parezca de noche, dando a todo el conjunto una luz azul que semeja la de la luna. “La noche americana” la inventó Dios, o la naturaleza, o el Chi, o como lo quieran llamar. Hay días que se viven en noche americana. Hoy hemos tenido un día así. Alerta de tornado, lo que en Compostela viene siendo un día normal y corriente. En estas ocasiones el día y la noche se juntan, se funden, se solapan y no se puede decidir a ciencia cierta si es el uno o es el otro. Hay luz, pero es una luz nocturna, azulada, el punto exacto para no saber si se ve o no se ve. Es el relativismo visual total. Estar entre dos mundos, entre dos tiempos, entre dos vidas. Un eclipse de varias horas en las que todo puede pasar. Por eso en estos días lo único que apetece es quedarse en casa, ante lo desconocido del exterior y bajar las persianas  y acurrucarse en la cama mientras fuera se oye llover, o encender todas las lámparas y jugar a Dios decidiendo exactamente qué luz hacer. Difícil decantarse. En estos días uno se asoma al abismo de lo desconocido y se refugia en su interior para descubrir que posiblemente está todo tan confuso como el mundo ahí fuera. Tengan cuidado ahí dentro.


  9. Los hombres de mi vida

    septiembre 17, 2012, por Alejandra Juno

    Repaso mentalmente todos los hombres de mi vida. Una mezcla de El libro del buen amor enrarecida por un complejo quijotesco, amenizada por la constatación de que la vida es sueño. No tengo de ellos más que unos cuantos videos y fotografías. Y las fotografías ni siquiera ya están en papel. Nuestros momentos se han vivido siempre en presente, sin posibilidad de trascender, de que haya un futuro más allá del final. Y en todos ellos he admirado esa personalidad perfecta, impostada, confeccionada a la medida de mis deseos. Hombres de una pieza, si perdedores en la vida, siempre ganando en ser quienes son. Hace ya algunos años que todos empezaron a morir en carne mortal pero me queda su alma intacta, incólume, retrato del ideal que nunca se llega a alcanzar. No me quedan más que recuerdos que una y otra vez pasan por mi mente, sin posibilidad de cambiar, contando una y otra vez la misma historia, una historia que es muy mía, aunque jamás haya llegado a poseerlos. Robert, Burt, Charlton… pensaré en vosotros cuando afuera haga frío y el mundo se presente dolorosamente real.


  10. Dark & Stormy

    septiembre 15, 2012, por Alejandra Juno

    Anoche fui al local más exclusivo de la ciudad, lo que en este pueblo significa la existencia de un área reservada para miembros, pero en el que una europea, se ponga lo que se ponga, siempre resultará overdressed. Hay un algo en los americanos que hace que parezca que su estado natural es estar alrededor de una barra. Sea en Nighthawks de Hopper, en un sports bar, acodados a su cerveza, o en este famoso y exclusivo lounge, en el que el humo aún nimba el ambiente, mayoritariamente de cigarros puros, y en el que el Cardhu y las bebidas de solera se columpian en los vasos de refinado cristal. La noche medio vacía. Curiosamente coincide en el tiempo con un congreso de gamers, y pese a estar rodeados de madera noble y sofás de cuero repujado, mi compañero de barra parece acabado de dejar el disfraz de cosplay y luce orgulloso su tarjeta identificativa. Me pido un Dark & Stormy. Mechón de pelo que insiste en deslizarse sobre mi cara. Zapatos de cuña años ’40 abrazando los tobillos. Enfrente un espejo en el que el tiempo parece haberse detenido. La vida estática y eclipsada. Me pido un Dark & Stormy. Dark como este lounge, en el que la crisis económica o quizás vital, hace que tan sólo unas pocas luces queden encendidas y stormy, stormy como una tormenta distante y callada que ese espejo jamás podrá reflejar.