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  1. Sé que por mucho que te ofrezca mi mano…

    abril 25, 2013 by Alejandra Juno

    Sé que por mucho que te ofrezca mi mano
    no podrás asirla
    y se quedará suspensa
    vacía
    presa en el aire
    que intento agarrar
    como intento abrazarte a ti.
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  2. No interrumpan a quien sueña

    marzo 20, 2013 by Alejandra Juno

    Hoy he leído una frase que se ha quedado conmigo. Una frase de una pedagoga brasileña, Nylse Cunha: “Não se deve interromper a concentração de uma criança que está brincando”. “No se debe interrumpir la concentración de un niño, una niña, que está jugando”. Ignoro el auténtico significado de esta frase. Supongo que se refiere en primer lugar a que el juego es otra actividad mental que requiere de un desarrollo completo, y en segundo lugar, que el juego es una cosa seria. El juego es una cosa muy seria, como lo es el soñar. El juego es una ensoñación en la que las reglas se subvierten y se retuercen para nuestra satisfacción. No se debe interrumpir al que sueña. Porque soñar es difícil. Cuesta tanto soñar… El sueño está en la cima de la pirámide experiencial, justo encima de la pesadilla y ésta encima de la realidad. No se debe interrumpir al que juega, al que sueña. Tarde o temprano, sino ya, sabrá que es un sueño. No lo interrumpan antes de tiempo. Decía Nietzsche que tenemos el arte para no morir a causa de tanta verdad. Cada sueño es una obra de arte, y contemplar a alguien soñando debe ser realizado con la misma veneración con que se visita un museo. Que nos dejen jugar un poco más, soñar un poco más, no nos interrumpan por favor… porque temo nos van a matar de tanta verdad.

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  3. Déjame cogerte la mano

    febrero 22, 2013 by Alejandra Juno

    Déjame cogerte la mano. Déjame cogerte la mano y siente los látidos de mi corazón. Late por ti. Es la música de esta esfera celestial dentro de mi pecho, girando a tu alrededor.

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  4. Feliz Navidad

    diciembre 24, 2012 by Alejandra Juno

    Queridos lectores:

    Desde tiempos inmemoriales, al llegar esta época del año, en esta parte del mundo hemos contado muchas y muy diferentes historias para simbolizar una única y fundamental idea: la del renacimiento a la vida. La idea de que siempre hay un nuevo comienzo, de que nadie está condenado a repetir los mismos errores y de que nunca es demasiado tarde para empezar a ser quienes realmente queremos ser. Esta noche celebraremos un año más el nacimiento de un niño, historia que no significa nada más y nada menos que la esperanza del renacimiento de todo lo bueno que en nosotros pueda haber. Renazcamos de nuevo en esta noche en nuestra mejor versión, más generosos, más inocentes, más humanos. Que sea una Nochebuena que dure todo el año. ¡Feliz Navidad!

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  5. Auto-representaciones

    noviembre 27, 2012 by Alejandra Juno

    Nunca deja de sorprenderme el concepto de “mala-auto-representación”, lo que viene a ser cuando uno da una imagen equivocada de sí mismo. Sinceramente creo que las personas que creen que existe una “buena-auto-representación” han sido bendecidas con una visión muy clara de su propio yo. Temo que el común de los mortales no tengamos tan claro quienes somos. De ahí que no vea yo la claridad entre una auto-representación correcta y una errada. Tampoco sé muy bien en qué consiste la auto-representación. Y desde luego, no sé cómo se podría alcanzar una auto-representación acertada de ninguna de las maneras. La cosa esta difícil, porque una auto-representación correcta en términos generales posiblemente denote una personalidad algo limitada. Tanto como a un único aspecto representable. Si uno puede representarse de golpe y certeramente, posiblemente haya muy poco que representar. Si por el contrario, la exhibición de cada parte de nuestra personalidad exigiera numerosas auto-representaciones, indudablemente algunas de ellas colisionarían en la tarea final de dar una auto-representación compacta. Y más que posiblemente dieran una imagen algo esquizofrénica del interesado, difícilmente digerible por el respetable. No todo el mundo puede captar la relación intrínseca que hay entre el glamour y la filosofía griega a la primera de cambio. Hay que seleccionar determinadas auto-representaciones para construir el relato coherente, que sin embargo, indefectiblemente, desembocará en la mala-auto-representación, por escasa.

    En otro orden de cosas está la representación del contenido y de la forma. A uno le puede interesar tres pitos un determinado contenido, pero asumir su representación por estar interesado en la forma o en lo que simboliza esa forma. Ejemplo de parvulario: una chica puede elegir vestir como una pin-up sin necesariamente creer que el papel de la mujer en la vida es del alegrar la vista a los hombres. Puede elegir vestir así porque le gusta. ¿Estamos ante un problema de falta de coherencia o un auténtico fracaso de nuestro mundo a la hora de distinguir entre esencia y apariencia? ¿O todo está relacionado al final? Quiero decir, vestir como una pin-up no representa única y necesariamente un contenido relacionado con la idea de mujer-objeto, sino que así mismo representa un valor representación simbólica: la de auto-representarse en forma icónica. Auto-representarse es una cosa difícil en sí misma y por eso muchas veces tiramos de manual y simplemente seguimos lo pre-establecido. En otras ocasiones, optar por una auto-representación conservadora puede denotar el radicalismo revolucionario más auténtico, por lo que tiene de rebeldía, mientras que lo contrario es posible que sólo hable de una excesiva adecuación a lo imperante, tan orientado hacia el futuro.

    Mi consejo del día es no pensar demasiado en estas cosas y no preocuparse tampoco mucho por como se auto-representan las otras personas. Hay una gran probabilidad de no dar ni una, si es que hay algo en esta vida en lo que realmente se pueda acertar.

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  6. El billar

    noviembre 15, 2012 by Alejandra Juno

    ¿Han tenido alguna vez la experiencia de estar jugando al billar y que te estén dando literalmente una paliza? Yo la tengo muy a menudo porque jugando al billar básicamente, afrontémoslo, doy asco. Ésta ha sido una de esas noches. Estás ahí, atrapada alrededor de una mesa de fieltro verde, de la que no puedes escapar, porque sabes que aún, obligatoriamente, te quedan tres partidas por jugar. Los jugadores no suelen ser muy habladores ni tampoco muy empáticos. Al fin y al cabo se trata de una competición. Ganar o morir. Y lo peor no es perder. Lo peor es la consciencia de que tienes que seguir perdiendo. No es tu noche. No hay manera de meter una sola bola en el bolsillo. Y aún quedan tres partidas por jugar. Y tu contrincante te está dando una paliza. Y ni siquiera te mira.

    Y entonces aparece él, ese chico de tu equipo que puede encajar las bolas con los ojos cerrados. Podría ser español. Pelo y ojos oscuros. Amable, simpático. Le gusta “Eternal sunshine of the spotless mind” y “Scarface”. La otra noche te ha dicho que ha ganado gracias a ti. A ti, cuya colaboración no ha pasado de pronunciar “good shot” cada vez que ha hecho exactamente lo que quería hacer. Acostumbras a quedarte con la boca abierta cuando ves con qué facilidad empuja el taco, con qué estilo observa la mesa, con qué gracia, en definitiva, gana. Y se acerca a ti, y te da un consejo. Un consejo que parece no tener ningún sentido. Apunta a la bola negra, cuando aún tienes todas tus rayadas sobre la mesa. Ir a por la bola negra, desencadenará un grácil movimiento en toda la mesa. Es un tiro de dificultad media, pero no demasiado difícil. Haz eso. Y lo haces. Y el resultado es un desastre.

    Y entonces deseas con todas tus fuerzas que él ocupe tu lugar. Que coja tu taco, que acabe con esta agonía. Para él sería tan fácil. Sería tan fácil acabar esta partida en minutos y hacerse con la victoria. Pero ese es el problema de la vida. Que nadie puede jugar por ti. Por muy amables y simpáticos que sean. Y ahí estás, obligada a jugar tres partidas más. A perder tres veces más.

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  7. Realizarse

    noviembre 12, 2012 by Alejandra Juno

    Darse cuenta en inglés se dice “to realize”. Por eso, cuando los americanos hablan en español, tienden a decir cosas como “y se realiza que está solo” o “y entonces se realizó que no le gustaba aquella ciudad”. Con lo poco que me gusta la adopción de significados foráneos para nuestro vocabulario… (¿desde cuándo bizarro significa raro? Con lo impresionante que era calificar a un hombre de bizarro, cuando ejercía de valiente…); con lo poco que me gusta la adopción de significados foráneos para nuestro vocabulario, digo, casi estoy por proponer que el verbo “realizarse” tenga una acepción como la del inglés: darse cuenta. O siguiendo su diccionario: “comprender completa o correctamente; hacer algo real”.

    Porque realizarse, al contrario de lo que dice la RAE (“sentirse satisfecho por haber logrado cumplir aquello a lo que se aspiraba”), va mucho más allá del sentimiento final. Realizarse tiene mucho de pesquisa y de aceptación de la individualidad. Realizarse es en cierta manera descubrirse, darse cuenta de que uno es así o asao y no de otra manera, que le gusta esto o aquello, que tiene opiniones concretas, inmediatas, orgánicas, sobre cómo debería ser la vida. Realizarse es el momento único en que uno se encuentra consigo mismo y se hace real. Como si de repente, saliendo de la bruma de la continua auto-sorpresa, se tuviera la muy imposible perspectiva y por fin se pudiera decir: “Fulanito (yo) es (soy) así”. Tal que así y no de ninguna otra manera.

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  8. Hay días – Variaciones

    octubre 22, 2012 by Alejandra Juno

    Hay días en los que no apetece hacer nada. Nada más allá de empezar frases con “hay días”. Es una manera de romper la vida. De convencerse durante el segundo que dura pronunciar esas dos palabras de que no se es la misma persona de ayer. Tampoco la de mañana. Que uno puede descansar de sí mismo. Ser lo que jamás será y todo lo contrario. En esos días se acostumbra a ocupar el tiempo en soñar para no morir de realidad. Pero como no apetece hacer nada, son otros los protagonistas de esos sueños. Gente que hace cosas. Y la mera actividad de ese día se reduce a mirar cómo otros hacen cosas. Suelen ser cosas excepcionales. Cosas que te dejan con la boca abierta. Cosas que deberían animarte a hacer cosas, pero que suelen ser tan impresionantes, o tan imposibles, o tan inalcanzables, o tan lejos de lo que eres/quien eres, que no inducen más que a la parálisis física. Se queda el cerebro roneando lo fantástico que debe ser hacer eso mientras el cuerpo rehúsa poner en funcionamiento un solo músculo. Al fin y al cabo, hay días. Y éste es también uno de esos días en el que sigues siendo tú mismo.

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  9. Hay días

    septiembre 23, 2012 by Alejandra Juno

    Hay días en los que una necesita caer en el agujero del País de las Maravillas, con total desinterés por buscar al conejo blanco. Días en los que sólo el viaje es importante. Días en los que el mundo está más en movimiento que nunca, girando varias veces en sólo 24 horas. Días en los que nada importa más allá de la sensación efímera que como viene se va. Días en los que el sentido está sobrevalorado y no se quiere fijar la vista. Días en los que no existe la línea recta y todo pide a gritos ser doblado hasta el límite. Días en los que se opone la máxima resistencia al viento. Hay días en los que vivir pasa a ser mucho más importante que la vida misma.

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  10. La noche americana

    septiembre 19, 2012 by Alejandra Juno

    Me parece terriblemente injusto que digan que “la noche americana” la inventaron los americanos. Ya saben, ese efecto cinematográfico en el que rodando de día se aplica un filtro para que parezca de noche, dando a todo el conjunto una luz azul que semeja la de la luna. “La noche americana” la inventó Dios, o la naturaleza, o el Chi, o como lo quieran llamar. Hay días que se viven en noche americana. Hoy hemos tenido un día así. Alerta de tornado, lo que en Compostela viene siendo un día normal y corriente. En estas ocasiones el día y la noche se juntan, se funden, se solapan y no se puede decidir a ciencia cierta si es el uno o es el otro. Hay luz, pero es una luz nocturna, azulada, el punto exacto para no saber si se ve o no se ve. Es el relativismo visual total. Estar entre dos mundos, entre dos tiempos, entre dos vidas. Un eclipse de varias horas en las que todo puede pasar. Por eso en estos días lo único que apetece es quedarse en casa, ante lo desconocido del exterior y bajar las persianas  y acurrucarse en la cama mientras fuera se oye llover, o encender todas las lámparas y jugar a Dios decidiendo exactamente qué luz hacer. Difícil decantarse. En estos días uno se asoma al abismo de lo desconocido y se refugia en su interior para descubrir que posiblemente está todo tan confuso como el mundo ahí fuera. Tengan cuidado ahí dentro.

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